Pronunciado por: 
Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, Gobernador del Estado de Jalisco.
Fecha: 
Viernes, Agosto 31, 2018

Me da mucho gusto darles la más cordial bienvenida en esta su casa. Por supuesto tiene un excelente anfitrión en el Magistrado Ricardo Suro, ya lo verán. Agradecerle a Sergio Javier Medina también, por su presencia y representación. Un saludo a todas las magistradas y magistrados.

Qué importante la presencia del Doctor Luis Raúl González Pérez, también, en esta reunión, muchas gracias por su presencia. A Mario Emilio Gutiérrez Caballero, también, y felicidades por estos avances, sobre todo que han beneficiado a Jalisco en mejora regulatoria siendo también uno de los estados que liderean en este sector.  Y por supuesto a Pablo Lemus, también, anfitrión de este evento, Presidente Municipal.

El reconocimiento de que todos los seres humanos pensemos diferente, actuemos distinto y enfocamos nuestros desafíos desde diferentes puntos de vista, es una condición esencial en la democracia. Partir de esta introspección es el primer paso para establecer el diálogo y alcanzar puntos de acuerdo. En esta condición, la democracia se une a otro concepto, uno que es fundamental para la vida en sociedad, que es el de la reconciliación.

El pasado primero de julio, México habló en las urnas, lo hizo fuerte y claro. Más que una preferencia electoral, manifestó su voluntad de transformar el país. No es una condición exclusiva de nuestra nación, aunque sí hay detrás de esta voluntad muchas razones particulares. Esto en el contexto mundial, deviene de la crisis de credibilidad institucional que tiene su causa en el agotamiento de un sistema socioeconómico que ya no funciona.

En México, se debe a la falta de confianza en las instituciones que se replica a escala global. Se sumaron incrementos impensables hacia la violencia, una visibilidad inédita de corrupción y el cansancio de ver que la impunidad prevalece. Ésta es la razón por lo cual el cambio nos exige a todos y cada uno de nosotros como personas que se haga impostergable. México debe seguir creciendo, pero con sustentabilidad, con mayor justicia y cerrando la brecha de desigualdad.

El llamado que se nos hace a la reconciliación nacional es muy importante, estoy convencido de ello. Si queremos hacer algo positivo de la transformación que ya comenzó, debemos trabajar desde todos los sectores para tender puentes que nos unan y que permitan el tránsito libre de las ideas. Sólo con esa comunicación fluida, horizontal y bidireccional entre la sociedad y las instituciones, podremos alcanzar ese entendimiento pleno. La empatía y la solidaridad son necesarias si queremos superar la dispar realidad en que vivimos unos y otros mexicanos.

Por ello me llena de orgullo que Jalisco sea la sede de esta Segunda Asamblea Plenaria Ordinaria de CONATRIB. Nuestra entidad, durante los últimos seis años, se ha distinguido por su capacidad para promover el diálogo social, impulsando mecanismos innovadores de participación y gobernanza. A quienes aquí vivimos nos ha ocupado el debate, no sólo de los temas locales, sino también de aquellos que marcan la agenda nacional e internacional.

Estamos seguros que de todas las expresiones que tenemos la oportunidad de conocer en estos foros, aprendemos y adquirimos experiencias. En ese sentido, esta asamblea nos permite conocer más de cerca los problemas que enfrenta la impartición de justicia en el resto de las entidades a escala federal; de las diferentes opiniones que ustedes tienen para superarlos, nosotros también conseguimos elementos para tomar mejores decisiones.

Por todas estas razones, les doy la bienvenida a Jalisco. Esta tierra de tradiciones, pero también de innovación y modernidad, líder en las transformaciones históricas que han emprendido nuestra nación. No voy a mentir, ni esconder una realidad que nos preocupa a todos los mexicanos. Uno de los cambios profundos que urgen y que la sociedad exige en voz alta tiene que ver con nuestro sistema de justicia.

Hoy, México ocupa el lugar 140 en el índice de paz global, lo cual nos coloca entre los que tienen una mayor presencia delincuencial. También estamos en el lugar 92 en el que se mide el estado de derecho. Somos además el cuarto país menos eficaz en el castigo a quienes trasgreden la ley, de entre 69 naciones que evalúa el índice global de impunidad. No hay que conocer estos estudios internacionales, lo sabemos porque sólo basta salir a las calles para darse cuenta de que vivimos una realidad violenta, en la cual las leyes no son respetadas y la impunidad prevalece.

Ni perdón ni olvido. Ésa es la voz que expresan los familiares de las víctimas de la delincuencia y hay que concederles la razón, también de un sistema incapaz de procesar a los culpables. Amnistía, ésta es una de las propuestas que han surgido para encontrar soluciones institucionales. Entre estas dos ideas, la del perdón y la de la justicia, hay una distancia enorme; en el medio, hay infinidad de rutas que unen ambos puertos.

Lo que debemos recordar es que existe una intención común, ponerle punto final a la violencia. Y es aquí donde la CONATRIB y los tres órdenes de Gobierno debemos de trabajar con más ahínco y coordinación en la construcción de estos nexos de confianza que lleven a nuestro México, de la división y el disenso, a la reconciliación y al acuerdo.

Sé que el problema es muy complejo. El país tiene menos de la mitad de los elementos de policía que se recomiendan, también tenemos rezago en el número de fiscales y ministerios públicos, y existe cuatro veces menos jueces por cada cien mil habitantes en el resto del mundo. Es cierto, para todos los sistemas de procuración e impartición de justicia, las cargas de trabajo son imposibles y afectan los tiempos de respuesta, la eficiencia y la capacidad para impartir justicia.

Esto plantea retos muy importantes para todos nosotros. Porque si una buen parte de la transformación que nos exigen los mexicanos tiene que ver precisamente con erradicar la corrupción y la impunidad, entonces tenemos que encontrar con urgencia la forma de abatir en el poder judicial los rezagos de personal, de su capacitación, así como mejorar su eficacia.

En Jalisco hemos trabajado de la mano con nuestro Poder Judicial, buscando atajar estos retos. Cuando asumimos la gubernatura en el 2013, cargábamos con cinco años de atraso en la implementación del nuevo modelo del Sistema Adversarial Acusatorio Penal y nos dimos a la tarea de revertirlo inmediatamente con celeridad, y lo conseguimos en un año, siete meses. Año con año, enviamos al Congreso del Estado incrementos al presupuesto del Poder Judicial, buscando el fortalecimiento de salarios y la implementación de los programas de capacitación, no solamente jueces impartidores  de justicia, sino también policías, defensores de oficio, peritos y más servidores públicos.

Estoy muy consciente de que todavía estamos dejando pendientes. Pero una cosa en inobjetable, los mexicanos nos piden a todas las autoridades atender el sentido común y hacer un ejercicio de autocrítica profunda; en lo particular, coincido con otras voces que señalan la necesidad de un sistema de justicia transicional, pues el poder judicial, en la federación como los estados, requiere de una renovación permanente, tanto como urge la innovación en nuestro marco jurídico.

Ya me he manifestado a favor de la discusión seria y sin perjuicios, de aquellas leyes que proponen ampliar nuestras libertades, democratizar los espacios de participación social tanto como los de la procuración de justica y hasta sobre la legalización de algunas substancias. Necesitamos reducir como prioridad la violencia. Podemos debatir sin número de modificaciones, tanto procesales como legislativas, que nos permita transitar hacia el modelo de México moderno que todos queremos, libre de privilegios y libre de impunidad, un México justo.

Por ello, quiero dejar estas ideas sobre la mesa. Porque encuentro en esta asamblea el lugar ideal para comenzar a discutirlas. Estoy convencido de que la reconciliación vendrá siempre del diálogo y será inalcanzable si sólo queda en el discurso. Por ello, mi reconocimiento a los buenos juzgadores de todo el país, que a pesar de los rezagos, de la falta de personal, instrumentos, salen adelante para darle justicia a los mexicanos.

Avancemos entendiendo con sensibilidad todos los poderes en los diferentes ámbitos, y especialmente en quien maneja el presupuesto, en quien está en los congresos, que el Poder judicial tiene grandes retos por superar; pero que tenemos a grandes hombres y mujeres, justicieros, profesionales, convencidos que por convicción es lo que necesitan las presentes y futuras generaciones. Por ello es de nuestro total interés, como del interés de todos los mexicanos, que esta asamblea nos ayude a avanzar con solidez hacia un futuro en paz.

Sean muy bienvenidas, muy bienvenidos. Que disfruten de la hospitalidad, y sobre todo estoy seguro que también, además de las tradiciones de la mexicanidad que se albergan en Jalisco, el mariachi, la charrería, pues también que mañana que van a Tequila puedan ver la modernidad, y pues aprovechen el tiempo también deleitándose con unos buenos tequilas.

Muchas gracias.