Pronunciado por: 
Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, Gobernador del Estado de Jalisco
Fecha: 
Sábado, Agosto 25, 2018

Es un orgullo y un honor recibirlo en esta tierra y, sobre todo, en nuestra máxima casa de estudios.
 
Bienvenido Tabaré Ramón Vázquez Rosas, homenajeado y Presidente de la Republica Oriental de Uruguay. Bienvenidos a los ministros, a la comunidad de Uruguay que nos acompaña, a la comunidad universitaria, al señor Rector-Doctor, Miguel Ángel Navarro Navarro.
 
Por supuesto a todos los distinguidos miembros del presídium, señor Presidente municipal, representante del Presidente de la Republica, Benito Mirón López, así como al ex Rector, Tonatiuh Bravo Padilla y a toda la comunidad universitaria.
 
El presente es nuestra hora de la verdad y a lo que regionalismo refiere nos impone a las naciones actualizaciones y cambios, porque renunciar a la posibilidad de ellos, además de un error, sería una irresponsabilidad, estas fueran las palabras que apenas ayer pronunció nuestro hoy homenajeado, durante la cumbre de presidentes de la Alianza del Pacífico y Mercosur, que tuvo lugar aquí en nuestro estado, en la maravillosa ciudad de Puerto Vallarta.
 
Me valgo de esta cita para iniciar mi intervención, estableciendo no lo que ya sabemos, que vivimos una época de cambios sin precedentes, sino lo que aún no estamos por descubrir, las preguntas que aun flotan en el aire, y cuyas respuestas aún no llegan.
 
¿Cómo volver a hacer de la política un intercambio noble y constructivo?, ¿Cómo encontrar la sintonía con una sociedad convulsa, demandante y por momentos y con plena justificación, herida, resentida?, ¿Cómo mitigar la impaciencia de los pueblos enteros sacudidos por una repartición desigual de la renta pública?
 
Por ricos, cada vez más ricos, por la pobreza que se hereda transgeneracionalmnte, como el más lastimoso legado, por la patética realidad que se impone y que dicta que nuestro futuro como individuos está irreductiblemente condicionado al lugar donde nacimos.
 
¿Cómo dar consuelo?, ¿cómo mostrar empatía?, ¿cómo tocar o cotidiano del dolor ajeno?, porque vivimos en un continente hermanado, sí por la historia y la cultura, el habla y el origen, pero también por el mal que resulta de no haber podido en más de dos siglos, hacer de América un sitio igualmente generoso para el que vive en la costa, como en la sierra, para el que habita en la ciudad, como en el campo.
 
Es mucha la deuda que tenemos con nosotros mismos y eso es lo que alimenta el espíritu de cambio que sacude al mundo y muy en especial a nuestro continente y digo todo esto porque hoy contamos con la presencia de un mandatario, que con su actuar ha dado muchas muestras de cómo hacer que el poder no te transforme, sino más bien, hacer del poder un ente trasformador de una sociedad ansiosa de andar diferentes caminos, de soñar con nuevos destinos y de construir a punta de trabajo y empeño un nuevo horizonte.
 
Señor Presidente de la República Oriental de Uruguay, México le recibe en esta ciudad que es fiel guardián de los símbolos de la identidad nacional, lo homenajeamos en Jalisco, en cuya historia se haya el arresto moral de haber sido sede de la ratificación del valor que muchos estimamos como supremo e inalienable, la libertad.
 
A unos cuantos pasos de este recinto, sede esta benemérita universidad, una de las más antiguas del continente, por cierto, Miguel Hidalgo y Costilla abolió la esclavitud para toda América hace ya casi 208 años, entonces, ¿cómo no hablar de libertad desde esta tierra?, y como no aprovechar su presencia para hacer un humilde llamado a todo el continente, a reflexionar como usted lo ha hecho sobre la relación entre la sociedad y gobiernos, ciudadanos y políticos, representantes y representados.
 
Los ciudadanos son libres cuando su reclamos son desoídos, estamos hablando de libertad cuando la gente siente que aquellos que deben de representarlos, no son más que un puñado de personas que viven en una realidad paralela y ajena a los demás.
 
Hace unas semanas, como usted sabe señor Presidente, nuestro país acudió a las urnas a decidir su futuro propio, los mexicanos dejaron muchos mensajes en las urnas.
 
Con el que yo me quedo y recojo con gran apertura y conciencia es uno que tiene que ver con el partido al que pertenezco, como muchos de los grandes partidos que ahora pasaron a ser pequeños partidos en representación a la sociedad, y eso mensaje fue un rotundo no, a la idea de seguir bajo la misma lógica.
 
Una lógica basada en las forma que nos son sino una manera de establecer un juego de espejos, un dialogo entre muy pocos en el que el ciudadano irremediablemente queda afuera.
 
Ese insistir en hablar entre nosotros y solo entre nosotros, ha limitado entre otras cosas, nuestra capacidad de debatir, disentir, de discutir, y con base en eso, entendernos.
 
Entender que el conflicto es necesario en la política; reconocer lo que se hizo mal y comenzar como un partido o muchos partidos a delinear un remedio.
 
El mensaje que los ciudadanos le dejan a este país y a nuestro partido, por ejemplo, no es cambiar de nombre, sino cambiar de fondo, el mensaje es un “adáptate porque los tiempos han cambiado”, es un “escúchame para poder así entendernos”, es un “yo mando, no tú cúpula o tus compañeros”, y esto, usted como líder a nivel nacional e internacional lo ha demostrado con el ejemplo.
 
El mensaje que nos dejaron es muy parecido al que ha dado a los electorados de otros países a su clase política y a sus partidos tradicionales.
 
En el caso de México y de mi partido, entraña el llamado de un electorado que nos urge a definirnos, en nuestro caso, dejar las ambigüedades, decir con claridad si vamos a ser el partido que defina las causas más progresistas, ampliación de libertades, legalización de ciertas drogas y, una repartición justa y equitativa de la riqueza producida o si vamos a seguir llevando ambiciones, a menudo, tecnisistas, frías y hay que decirlo, conservadoras.
 
Me parece oportuno mencionarlo ahora, porque me da pie a reconocer su trayectoria como un hombre critico al sistema y, sobre todo, critico de sus afectos, sé porque es seguido su andar, que dentro de sus convicciones, está el que las personas que habitan este continente, no puedan soportar más un diseño del poder que sí genera crecimiento para las naciones, pero lo concentra en muy pocas manos y en una clase política que muchos de los casos abusan a expensas de lo que es de todos.
 
Y aquí en México hemos tenido muy malos ejemplos, y estos a los ejemplo han manchado a la política en mi país y han sido el embrión para el ánimo de cambio que se vivió en las urnas.
 
Creemos señor Presidente, que como escribió alguna vez, como aquí lo refirió su compatriota, el gran Eduardo Galeano, que el mundo se divide sobre todo entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere y puede estar.
 
Habremos, estoy seguro, porque su presencia aquí me confirma esa certeza, quienes en el servicio público vemos la oportunidad de trascender por las buenas causas, de quienes amamos nuestra tierra de tal forma que lo único que podemos desear para los días en los que el poder se desvanezca y la responsabilidad como servidores públicos se acabe, es permanecer dignos ante los ojos de quienes nos vieron nacer, crecer y convertirnos en quienes somos.
 
Si se me permite ese ejemplo, pues yo no quiero ser ejemplo, pero sé a lo que aspiro y parte de su ejemplo, es a que nuestro estado, que Jalisco siga una muestra viva de que se puede ejercer el servicio público con decoro, no desprovisto de los errores del ser humano, peros sí, sin en los excesos de los ambiciosos insaciable o el arribista rapaz.
 
Aspiro a que Jalisco pueda seguir siendo una tierra de líderes orgullosos de su origen, que nuestro estado siga siendo un referente nacional en innovación, en participación ciudadana y solidaridad efectiva, que mi estado siga siendo el que más personas saca de la pobreza año con año.
 
Y con esa fuerza moral pueda recibirlo a usted, señor Presidente Tabaré Vázquez, Presidente de Uruguay y a muchos, que como usted, han hecho de la lucha social su razón de vida, para decirles que su ejemplo inspira y nos mueve a seguir caminando, a seguir dando esos dos pasitos y muchos más en la búsqueda de esa utopía oscilante de la que hablaba, quien usted ya sabe, Galeano, el eterno Galeano.
 
Señoras y señores, el Doctor Tabaré Vázquez, será recordado en la historia de su país y de Latinoamérica, como un hombre sencillo y comprometido, que no dejó que el poder le arrebatara la decencia, su partición ayer en la cumbre presidencial Alianza del Pacífico Mercosur y el sensible mensaje de unidad que ofreció frente a las amenazas comerciales y supremacistas de algunas naciones, son muestra de su liderazgo en toda América Latina.
 
La integración regional, dijo, es importante para impulsar el desarrollo conjunto, pero no el desarrollo económico que concentra la riqueza en unos cuantos, sino aquel que conduzca a un mundo mejor.
 
Si bien las alianzas comerciales han llevado a nuestros países a un crecimiento económico, aún no hemos logrado que esto llegue a quienes menos tienen, y mientras no se beneficia a los que menos tienen, es porque no hemos hecho lo siguiente.
 
Porque ahora las fronteras mundiales se van borradas a la tecnología, como lo digo el Filósofo Zygmunt Bauman, “lo que hoy hagamos aquí, ahora, afectará de forma que no imaginamos a las personas que no conocemos”.
 
Los paradigmas están cambiando, pero tenemos que ser capaces de poner realmente la tecnología al servicio de la humanidad y restaurar la sostenibilidad de nuestro mundo.
 
 
 
 
 
 
 
Para enfrentar el cambio climático también como lo ha señalado, debemos de encontrar como usted lo ha sugerido señor Presidente, una ecuación cuidadosa para mantener el desarrollo de las personas, aprovechando los recursos naturales y utilizando las energías renovables son responsabilidad como sea comenzado a hacer en Uruguay.
 
Por eso, me siento orgulloso que mi alma mater, la máxima casa de estudios de Jalisco, decidiera entregarle el título de Doctor Honoris Causa.
 
 
A nombre de todos los jaliscienses y las jaliscienses, señor Presidente, le reitero nuestra amistad y aprecio sincero, siéntase como en casa, una casa en la que se le admira y se le respeta.