Nacimiento y defunción: 
1897-?
Género: 
Hombre
Actividad: 
Música

Tomás Escobedo consagró su vida a la creación musical y a imprimir en los corazones de jóvenes y adultos la pasión por la música. Nació en Guadalajara (Otras fuentes dicen que nació en Zacatecas). En la capital de Jalisco ingresó al Colegio de los Josefinos, donde inició sus estudios de música con el famoso maestro Alfredo Carrasco, autor de El Adiós. Fue compañero de Andrés Sandoval y de J. Jesús Niño Morones.

 Tomás Escobedo fue uno de los primeros alumnos del compositor y maestro José Rolón cuando éste fundó su academia de música después de viajar a Europa para perfeccionar su arte al lado de los grandes músicos europeos. Tomás se inscribió en la Academia Rolón en 1907, ahí continuó sus estudios de piano y tras ardua disciplina, obtuvo dos premios y una medalla en concursos de piano. Al terminar sus estudios, presentó un brillante examen y ésto le acreditó una invitación para laborar en la academia como maestro. Su labor docente fue una oportunidad para encariñarse con la obra de Rolón y continuar con aquella institución, convertida por él en la Escuela Normal de Música, semillero de numerosos artistas.

 En 1909 y sin sueldo oficial, solamente gratificado por algunas escuelas de la ciudad, impartió clases de música y cantos escolares. En las fiestas del Centenario de la Independencia, cubrió un majestuoso programa con sus coros escolares formados por alumnos de las escuelas oficiales que dirigían los ameritados maestros Aurelio Ortega y Aurelita Guevara. Ganó la inspección de la enseñanza del canto en las escuelas primarias y en 1917 inició su cátedra de música en la Escuela Normal de Jalisco.

 Sus conjuntos corales alcanzaron tal perfección que el gobernador del estado, José Guadalupe Zuno, ordenó una serie de audiciones populares en la Plaza de Armas y después unos festivales en los que se interpretaban composiciones de Bach, Massenet, Frank, Ravel y Wagner. Además demostró sobresalientes facultades como director de orfeones monumentales; obtuvo sonados triunfos en la ciudad de México, en Monterrey y en Morelia.

 Combinó la música con una fructífera labor docente. Su reconocida capacidad lo mantuvo muchos años como maestro en escuelas secundarias, en la Escuela Normal de Jalisco, y en la escuela Beatriz Hernández, a la que llevó a conquistar incontables premios a escala nacional organizados por la Secretaría de Educación Pública.

 Entre sus composiciones se cuentan bellísimos coros escolares para escuelas primarias, secundarias y jardines de niños. Entre otras valiosas obras, fue compositor de: Un madrigal, Canción sin palabras, Oriental y La canción del ejido, pieza que se escuchó durante un mes en el Teatro de la ciudad de México, tres veces por semana.

 Recibió condecoraciones en reconocimiento a sus largos y valiosos servicios por parte de instituciones y muy significativamente por sus numerosos alumnos. Se le honró con una medalla por parte de la Escuela Normal de Música y el gobierno del Estado de Jalisco le otorgó la medalla José Clemente Orozco en manos del entonces gobernador, Agustín Yáñez.

Fuentes: 
Jalisco a sus músicos distinguidos, Guadalajara: Gobierno del Estado de Jalisco, 1963, p. 31.